martes, 26 de julio de 2011

Manejalo vos, Julio.

“Claro, esto es porque River se fue a la B”.
“Con esto salvan a Boca de estar complicado con el descenso”.
“Ahora se aseguran de que los equipos grandes no sigan descendiendo, iba a ser más relevante la B Nacional”.
Nadie sabe con certeza porque fue que sucedió. Los de Boca que para que vuelva River. Los de River para que no descienda Boca.
En fin, nadie sabe concretamente el porqué. La cuestión es que la AFA, o, para no andar con rodeos, Julio Grondona, ha vuelto a hacer con el fútbol lo que quiso. El ferretero tiene una inexplicable capacidad para modificar las reglas del fútbol argentino a su merced y ser apoyado por casi la totalidad de los dirigentes, que en tiempo record descubrieron, analizaron y aprobaron un campeonato que el resto todavía no termina de entender. O casi inexplicable.
Desde la temporada 2012-2013, es decir, cuando finalice el Torneo Apertura que comienza el venidero Agosto, el torneo de Primera División y el de la B Nacional serán uno solo. ¿Serie A? ¿Torneo Federal? La denominación es lo de menos. Tendremos el torneo de Primera División con más participantes del mundo. Madagascar tiene 24 y Congo 25. Récord para Julio.
Treinta y ocho equipos, los 20 de Primera, 16 de la “B”, y los campeones del Argentino A y la B Metropolitana. Una reestructuración que es difícil, sino imposible, de justificar deportivamente.
Seguramente usted, a través de diarios, radios o por televisión, ya haya intentado entender la forma de disputa del mencionado campeonato. Por eso desde aquí, intentaremos entender el porqué y sus derivados.

La conclusión más rápida es que River ya está otra vez en primera. Lo mismo que Rosario Central, Huracan, Chacarita, Gimnasia de La Plata, etcétera. Debería ocurrir una catástrofe para que River quede entre los peores 4 y baje otra categoría.
Mientras se trata de beneficiar a aquellos clubes importantes que están en la segunda categoría, se trastorna deportivamente el próximo campeonato. La temporada 2011-2012 de la B Nacional será un fantasma. No va a tener ningún tipo de diferencia ser campeón o quedar décimo quinto. Casi todos tienen asegurado su ascenso por decreto. ¿Se sentirá igual de orgulloso un hincha de ver a su equipo en primera por los escritorios?

En Primera División no habrá descensos para el campeonato que comienza en menos de un mes. Por eso, otro grandes en peligro como Boca (podía quedar en promoción incluso en la primera fecha), San Lorenzo, Racing o Independiente no tienen de qué preocuparse.
En el torneo de Primera División solo se luchará por el título y la clasificación a las copas. El próximo certamen también perderá atractivo si tenemos en cuenta que lo  que nos mantuvo pegado a la pantalla en el último torneo fue la lucha hasta el último minuto de un gran grupo de equipos por mantener la categoría.

Ernesto Cherquis Bialo se encargó de esgrimir la principal escusa del cambio al anunciar: “El nuevo campeonato tiene un sentido profundamente federal”.
¿Más Federal? En el pasado clausura descendieron 4 equipos de directamente afiliados y ascendieron 4 del Interior sin necesidad de maltratar el formato y el torneo entrante tendrá 9 representantes que no son de Capital o Gran Buenos Aires.
Ahora, solo se agregan cinco distritos que no tenían representante en Primera como Jujuy, Tucumán, Chubut, Corrientes y Entre Ríos. Habría que avisarles que todavía 12 provincias siguen mirando la máxima categoría por TV sin participación alguna: Santiago del Estero, Salta, La Pampa, Catamarca, Neuquén, San Luis, Misiones, Chaco, Formosa, Río Negro, Tierra del Fuego y Santa Cruz.
El mismo Bialo se contradijo en Radio Continental cuando declaró: "Este cambio de geografía lo produce naturalmente el descenso de River".

En un intento de seguir buscando razones que nos terminen de hacer entender (no necesariamente convencer), sin ninguna duda que la cuestión económica y política son factores fundamentales.
AFA rescinde el contrato de televisación de la Primera B Nacional que tenía con TyC para pasar de recibir 600 millones de pesos a obtener 1200 millones por parte del Gobierno Nacional. Indefectiblemente los clubes recibirán más dinero. ¿Cómo podrían resistirse alguno de los 60 representantes a levantar la mano para aprobar la propuesta de Don Julio? Solo 4 se abstuvieron.
Además, asoma su cabeza la señal oficial de la entidad, AFA TV. Tyc Sports se queda sin fútbol. Hasta siempre Clarín.

Velez, Estudiantes, Lanus, por nombrar alguno de los clubes que vienen haciendo las cosas bien en la faz deportiva y económica no tienen ningún beneficio. Serán igualados en condiciones con aquellos que piden dinero a la AFA que no pueden devolver, que adeudan enorme cantidades de dinero a sus jugadores y que deportivamente ya no juegan por campeonar sino por mantenerse. Ahora no importa que, por ejemplo, Boca acumule 2 torneos espantosos y esté sobre el abismo o que Velez lleve un cúmulo de excelentes campañas. Todo igual para todos.
Ni hablar de aquellos equipos de la B Nacional que no apuestan a nada desde hace años, pero que no descienden porque siempre habrá quien haga peor papelón. No importa si estás gerenciado o tenés una vida institucional impecable. Ni si desplumaste la billetera para traer refuerzos para ascender este año o te querías salvar con los pibes del club. Todos para arriba. Al menos les hubieran avisado antes, ¿no?. Sólo tenían que evitar la caída y no gastaban dinero en vano.
Sería impensado pensar que vuelva a descender algún “grande” habiendo tantos otros equipos más pequeños en la misma categoría.

De repente, ya no será inseguro que los hinchas visitantes de la B Nacional, que tienen prohibido el ingreso a los estadios desde el 2007, asistan a las canchas. O será los operativos policiales que antes no podían contenerlos encontraron la espinaca de Popeye y ya están capacitados.

Julio Grondona neutralizó cualquier tipo de oposición que podía llegar a tener en las próximas elecciones de Octubre. Desactivo cualquier tipo de acción del empresario Daniel Vila por destronarlo.
Todos contentos. Nadie desciende. Casi todos suben. Habrá más dinero para todos.
Esto no es reestructuración futbolística. Es una bruta jugada de ajedrez en el tablero político en tiempos electorales.

jueves, 14 de julio de 2011

Un proyecto en tiempos de pocas oportunidades

Las urgencias del fútbol actual llevaron a que los clubes recorran el país en busca de jugadores cada vez más chicos para sumar a su cantera. Pero en los años `80 esto era inusitado. Solo había un club que marcó el camino y un villamariense que fue parte de esto. Con 15 años, Carlos Bonaveri partió hacia un Ferro que transitaba épocas doradas.

Hubo una época en donde la gente se sabía de memoria los titulares de cualquier equipo. No importaba la camiseta. Domingo tras domingo 11 eternos jugadores saltaban a la cancha para batirse contra otros 11, que seguramente eran los mismos que se habían enfrentado hacía unos años atrás.

¿Dónde cabían los sueños de aquellos proyectos que echaban raíces en las inferiores?
“En ese tiempo no era común que haya un chico del interior en las inferiores de un club de primera, hoy los jugadores llegan con 18 años y quizás con parte de su pase vendido”.
Carlos Bonaveri dejó la ciudad siendo un pibe y con una valija llena de sueños. Esos mismos sueños que traería en su vuelta a casa.

Un adelantado

Ferro Carril Oeste era el equipo del momento. Estaba de pre temporada y pisó la ciudad para disputar un amistoso. En el preliminar, Argentino jugó con sus divisiones menores y hubo algunos jugadores que no pasaron inadvertidos para el club porteño. Eligió a 20 pibes para una prueba y tan solo uno fue capaz de superarla.

Después de pasar por el baby de Asociación Bancaria y Olimpia, Carlos Bonaveri se sumó a las inferiores del Deportivo Argentino.
A los 15 años, con la casaca del ferroviario
Con 14 años, y sin haber debutado oficialmente en primera (solo algún amistoso), se topó con un sueño.
“Solo el hecho de tener una prueba ya era muy significativo, no era como ahora que te vienen a buscar a tu casa”, cuenta el actual técnico de Unión Central.
En diciembre de 1981, los veinte elegidos partieron hacia Buenos Aires. Después de 3 días de prueba solo Carlos colmó las expectativas de Timoteo Griguol y del “Kai” Aimar.
“Anduve tan bien en las pruebas que dijeron que en marzo iban a llamar a los que se sumarían al club, y a mí me llamaron los primeros días de enero. No me dieron tiempo ni a pensar”.
Aquellas charlas con la vieja sobre sus sueños de ser profesional y las bromas de irse a Buenos Aires y no volver más, empezaron a cobrar vida frente a sus ojos.

Una nueva vida

Atrás quedó la familia, los amigos, la escuela de siempre, y las tardes en los potreros del barrio San Justo. Su vida cambió radicalmente.
“Al principio lo más duro fue el cambio de entrenamiento, físicamente me costó mucho adaptarme”. Y no es para menos, con 15 años, como Griguol y Aimar tenían la primera y reserva, Carlos entrenaba con ellos, pero jugaba con su categoría. “Tengo 5 pretemporadas con primera división”.
Fueron casi 5 años de mucho sacrificio. “Fue muy difícil acostumbrarme a vivir solo”.
Cambió una Villa María muy distinta a la actual, por el lugar más habitado del país. Para poder entrenar en doble turno, cursaba el colegio por la noche.
Las comunicaciones eran tan “primitivas” que hicieron que la distancia con su familia se note mucho más. Los celulares no existían. Apenas algunos afortunados tenían fijo en su casa. Y las cartas eran moneda corriente. “Ahora podes hablar con tus padres cuando quieras. Yo podía comunicarme muy poco, desde una central de teléfono, o escribía cartas”.
Más allá de lo que pueda haber sufrido, “vivía de primera”.
“Ferro era una gran familia, no nos faltaba nada. Comíamos en el restaurant del club todos los deportistas juntos. Compartía mesa, por ejemplo, con Miguel Cortijo, el Maradona del básquet en esa época”.

El rendimiento futbolístico

Carlos estuvo en Ferro desde el 82 al 86. En esos años, el club de Caballito fue campeón Nacional en dos ocasiones, y disputó la Copa Libertadores otras tantas veces. Nadie tenía la organización y el despliegue en inferiores con el que contaba el Verdolaga. Marcó el camino a River y Boca, los primeros en copiar su modelo.
Dentro de esa estructura, el volante central villamariense luchaba día a día por vencer en una guerra cotidiana. “El clima de competencia estaba desde que te levantabas hasta que te acostabas”.
Los primeros dos años su rendimiento fue muy destacado. Compartió equipo con Germán Burgos, Alejandro Mancuso, Sergio Vázquez y Fabián Canselarich. Pero al ver como pasaban los años y que la oportunidad no llegaba, el rendimiento mermó.
Asomó en reserva y siguió entrenando con primera, pero a los 20, cuando debían hacerle contrato o dejarlo libre, decidieron cederlo por un año a un club en la provincia de Buenos Aires.
Después de eso, decidió empacar aquellos sueños con los que llegó a la pensión, ya algo gastados, y volver a Villa María.
“Podría haberme quedado a jugar en B Metropolitaba porque el nivel me daba, pero hacía de los 15 que vivía solo, sentí que debía resignarme. No tenía a nadie que me aconsejara, decidía solo. Hoy si no te vas hasta los 18 se te pasó el tren, en mi época jugaban los de 28 para arriba”.

De vuelta en casa

Con una formación futbolística envidiable, Carlos Bonaveri volvió a la ciudad y jugó por diferentes ligas locales.
Primero en Alumni, por dos años. Volvió a vestir los colores de Argentino, también pasó por River, Arroyo Cabral (campeón con Rivadavia), Río Tercero, y Becar Varela.
A los 35 años, en Central Argentino, pasó de jugador a técnico de un domingo al otro.
“Llegamos a jugar y el técnico había renunciado. Los dirigentes me pidieron que dirija y juegue. Empatamos. Esa noche fueron a mi casa a pedirme que siga definitivamente”.
Más allá de sus ganas de seguir corriendo tras una pelota, no estaba dispuesto a hacer las dos cosas al mismo tiempo. “Son dos carreras distintas”, dice.
Lo convencieron, pero ya no volvió a ponerse los cortos.
Junto a sus hijos, en el último partido como jugador, y el primero como DT

Estuvo 2 años como técnico de Central y luego lo requirió Alumni, que fue su casa durante 3 años.
“Tenía el Alumnito, la reserva, cuarta y quinta. Mi objetivo era formar jugadores y creo que mal no lo hice”, recuerda Carlos, que sacó a Hugo Yocca, Matías Bolati, Alexis Díaz y Nahuel Caler.
También dirigió el torneo Argentino de forma interina cada vez que un técnico dejaba su cargo. Pero su mayor orgullo es haber logrado el ascenso al Argentino A como ayudante de campo de Arzubialde.
Ante la negativa para que dirija el equipo en el Argentino A, y con el objetivo cumplido de formar nuevos valores, decidió buscar otros rumbos. “Las urgencias hacían que tenga que venir un técnico con chapa que a veces ni si quiera llegaba a conocer a los jugadores”. Fue a Rivadavia y también llevó al Bell del Bell Ville a jugar una final, antes de sentarse en el banco del Unión Central que hoy comanda y al que ya sacó campeón en la B.
Hoy, Tadeo, el menor de sus hijos, con los mismos 14 años con los que Carlos partió a Buenos Aires, fue convocado por la Fundación Messi para una prueba. Pero a diferencia de él, Tadeo va a tener quien lo guíe en el imprevisible camino que es ir detrás de un sueño.

domingo, 19 de junio de 2011

"Negro" Alba: Un talentoso de ayer, formando talentos de hoy

“Solo llevamos 14 años haciendo fútbol y ya tenemos un jugador en Europa”. Fernando Alba, quien fuera un gran proyecto como jugador, se encargó de convertir a Asociación Española en un gran formador y proveedor de talentos.

El villanovense Franco Jara, hoy en Benfica de Portugal, es su mayor orgullo. “Lo lleve a Racing y Boca y no quedó. Soy muy amigo de Miguel Micó, por eso fuimos a Arsenal. Apenas lo vio me dijo que iba a llegar”.
Alba lo dirigió por casi cuatro años. Por eso fue un gran apoyo para Franco cuando no jugaba o lo paseaban entre la cuarta y la reserva y se quería volver. “Hablábamos mucho por teléfono. El padre me pedía que hablara porque lo conocía y sabía cómo calmarlo, explicarle que ya le iba a llegar el momento”.
Franco es el mismo de siempre. Ni el pase a Europa, por el que el “Prado” recibirá unos 160 mil Euros, ni sus convocatorias a la selección le hicieron olvidar sus raíces. “Ha mandado camisetas, cuando viene entrena con nosotros, y hasta les regaló botines a los chicos de primera”.

Un crack que solo fue proyecto

Nació, vivió y se sintió morir futbolísticamente en Central Argentino.
Fue el club donde dio sus primeros pasos en cancha grande. A los 15 ya había asomado un par de veces en la primera.
La escasez de recursos económicos le impidió radicarse en Córdoba luego de que Belgrano lo seleccionara en una prueba. Tampoco pude quedarse en Chacarita, se volvió a la ciudad para no dejar a su madre sola.
Un volante ofensivo terriblemente habilidoso. Algunos dicen que era mejor que Daniel Ludueña  (villamariense que del 80 al 93 pasó por el fútbol grande en Belgrano, Talleres, Racing e Independiente, entre otros) ­, con quien compartió equipo en Central. “La gente dice que yo era mejor, que pintaba para ser una gran jugador, pero los papeles son otros, el llegó y yo no”.
Jugó también en Alem, Argentino, y anduvo por Monte Maíz, Etruria, Río Tercero y Las Varillas.
De todas formas, hay algo que fue más determinante en su carrera que las gambetas y los caños. Una sanción que lo alejó por cuatro años de las canchas: Siendo jugador de Central Argentino, en el receso por el Mundial 78, tan solo aceptó la invitación de unos amigos para jugar un campeonato de barrio. “Un lunes volví a entrenar y me enteré de que el club me iba a sancionar. Mario Requena, que era el técnico, se había enojado mucho. Tenía 22 años y me impidieron jugar en cualquier liga durante 4 años”.
Quizás el castigo fue algo exagerado. O al menos así pensaron los abogados que se le acercaron a Fernando. “Pregunté cuál era el beneficio de hacerle juicio al club, y me dijeron que podía llegar a quedarme hasta con parte del club, porque era un daño muy grande que me habían hecho. Elegí dejar todo como estaba”.
Cosas del destino, ese mismo año podría haber pasado a Alem junto con Miguel Ludueña. “Me quedé porque me lo pidió Mario y él se fue. Ahí es donde lo ven en un provincial y se lo llevan al fútbol grande”.
No guardó rencor. Ni contra el club, a donde volvió siguió jugando y también se retiró a los 33, ni contra Mario Requena, a quien le tiene un afecto especial: “Fue como un padre. Él me castigó. Siempre me daba consejos. Solo tengo palabras de agradecimiento. Hoy le transmito a los pibes, lo mismo que él me transmitió a mí”.

Árbitro, DT, y el “Prado” Español

Inmediatamente abandonó el fútbol, hizo el curso de árbitro. Se recibió y dirigió afuera. Pero cuando lo designaron para jugar en la ciudad se dio cuenta que no era lo suyo. “Tenía que dirigir a gente muy conocida, incluso ex compañeros, para mí no era correcto así que dejé”.
Poco tiempo después tuvo su primera experiencia como técnico por un par de meses en el baby de Sarmiento.
Mientras empezaba y dejaba distintos cursos de técnico por cuestiones laborales, volvió a su casa. “Un ex compañero de Central, Pancho Contagtini, me ofreció dirigir el baby de Central. Estuve 6 años”. El curso lo terminó cuando lo dictó Héctor Arzubialde.
Su estadía al frente del Centralito finalizó cuando echaron de la sub comisión a un amigo suyo, Walter Torre, hoy presidente de Asociación Española.
El mismo Torre se encargó de conseguir un lugar para el fútbol en una institución en donde abundaba el frontón y el tenis criollo.
“Empezamos de cero. Muchos chicos me siguieron de Central. No había infraestructura, nos prestaban canchas”.
Hoy, “El Negro” Alba maneja todo el fútbol del “Prado”. Dirige desde inferiores a primera, y si bien con el baby quedó Luis Rodríguez, siempre se hace tiempo para estar ahí.

Formando talentos

“El baby y las inferiores me han dado muchas satisfacciones”.
Cuando Fernando habla de satisfacciones, no se refiere tanto a títulos sino al hecho de haber convertido al “Prado” en un verdadero yacimiento de talentos.
“Franco Jara empezó el baby con el padre y llegó a nosotros con 13 años hasta los 17. Seis jugadores nuestros de clase 92 a 95 hoy están en Belgrano. También seis se están probando en Newell´s y tienen que volver en estas semanas. A un clase 2000 lo quiere River pero le dije que todavía es muy chico para irse. Además tengo un chico de 15 años jugando en primera que cuando quiera irse, ya tiene varias opciones”.
La diferencia con cualquier otro club que apueste a formar jugadores son varias, pero hay una básica: “Mostramos al jugador. Si tiene suerte que le dé para adelante. No está ese egoísmo de tapar un jugador para que juegue siempre con nuestra camiseta”.
Claro que para eso, los contactos y las amistades del “Negro” son fundamentales. Racing, Belgrano, Miguel Micó y empresarios conocidos, son algunos de los nombres de la “familia” futbolística de Alba, quien revela que más de una vez le han ofrecido dinero por un jugador, a lo que siempre responde: “¿Qué hay para el club?”.

Alba (a la derecha) al frente de uno de los equipos del "Prado"  que integró Franco Jara (Abajo al centro)

Un docente del fútbol

Fernando se erigió como un docente del fútbol, pero con un manual al que no todos recurren cuando de baby se trata.
Algún pasaje de la Dinámica de lo Impensado de Dante Panceri trae a escena cuando asegura que su clave es que el chico conserve el sentido de la diversión.
Hay cosas en el fútbol que son innatas. La picardía y la viveza no pueden enseñarse, se adquiere en el potrero, entre amigos. Por eso Fernando sostiene que el peor daño que se le puede hace al chico en el baby es restringir su creatividad. “No comparto eso de decirle que se tiene que parar en tal lugar de la cancha o que no tiene que hacer tal jugada. No se lo debe estructurar tanto”.
Lo fundamental es que juegue, en el sentido lúdico de la palabra. “Cuando el chico se divierte le salen cosas que antes no le salían. ¡No puede ser que no se animen a tirar un caño porque creen que si la pierden lo van a retar!”.
Hay otra cosa que considera fundamental. “Hay que hacerles entender a los padres que el baby fútbol es como el jardín de Infantes. Allí no le exige notas a sus hijos, lo lleva para que se divierta”. Algo de razón debe tener, sus logros están a la vista.

sábado, 4 de junio de 2011

Carlos Menard y su favor al básquet

Fabricio no puede seguir jugando. Dice que no tiene la plata para viajar desde Las Varillas a Villa María. El pibe que creció 10 centímetros en un verano y sueña con jugar en la NBA está por despertar del sueño antes de empezar a soñarlo.
Pero hay alguien que se encargó de cambiar su historia. Fue Carlos Mario Menard.

Tenía 8 años cuando empezó a jugar al básquet en Unión Central. Por aquel entonces, la figura del entrenador de formativas no existía, se aprendía a jugar mirando.
Siempre el más alto de su clase, con 15 años, Carlos Mario Menard debutó en primera y al año siguiente pasó a Belgrano de General Cabrera donde por primera vez le pagaron por jugar.
Su talento parecía no tener límites, a los  17 partió hacia Córdoba. Lo quería Atenas, pero eligió un equipo de la “B” que hoy no existe, Nuevo Brasil. Ese año, sus excelentes rendimientos lo llevaron a integrar la selección de Córdoba de Mayores para jugar un Argentino y se convirtió en el primer jugador que estando en la segunda categoría de Córdoba integró una selección provincial. “Era lo más alto a lo que se podía aspirar a jugar”.
Con 19 años pasó a Unión Eléctrica, en donde además de cobrar por sus dobles, todo el plantel de primera trabajaba en EPEC. Su camino siguió en Redes Cordobesas.
En uno de los tantos campeonatos argentinos que disputó con la camiseta de Córdoba, a los 22 años, conoció a Eduardo “Tola” Cadillac, en aquel momento el mejor base de la argentina y quien le abriría las puertas de Capital Federal.
Lo tentó con ir a Bueno Aires y Carlos no lo dudó. A la semana le llegó una invitación del Club Deportivo San Andrés para sumare a entrenar.
El básquet ya era su medio de vida, pero fue en San Andrés, durante 8 años, donde se encontró con dinero de verdad. “Me ofrecieron 4,5 millones de pesos por mes. Un 0 Km salía 5, ¡cobraba una barbaridad!”.
A los pocos meses de pisar Buenos Aires le llegó el momento que todo deportista añora en su carrera. En el 79 fue convocado a la Pre Selección Argentina que se preparaba para los Juegos Olímpicos de Moscú 80. Jugó los partidos previos en las giras, pero se perdió el Pre Olímpico en Puerto Rico en el que Argentina salió tercera logrando la clasificación. “No pude jugar porque me lesioné, fue la única vez en mi carrera”. El sueño de llegar a un Juego Olímpico estaba intacto pero el recordado boicot de USA a Rusia lo dejó sin la posibilidad. “Éramos 14 jugadores y yo prácticamente estaba adentro del equipo que iba a ir a los Juegos. Después no me volvieron a convocar, pero haber vestido la camiseta de la selección argentina no me lo quita nadie”.
A los 30 lo compró San Lorenzo y al año siguiente su casa fue Sporting de Mar del Plata durante tres años.

Fue testigo y protagonista de hechos determinantes en la historia del básquet argentino. Como en 1985, cuando de la mano de León Najnudel nació la Liga Nacional de Básquet tal como la conocemos hoy. “Si no se hacía eso el básquet argentino desaparecía porque se había estancado”.
O como la llegada de los primeros extranjeros al país. “Subieron el nivel del básquet, pero además eran baratos, cobraban menos que cualquier jugador argentino, tanto es así que Boca llegó a tener 7 en el equipo.”

El gran Unión del 86

Fue 1986 el año más glorioso del básquet Villamariense a nivel club. Carlos recibió un llamado de su hermano Eduardo, también jugador, que lo tentaba para volver a su ciudad y al club de sus amores. Unión Central había tenido buenas actuaciones en las categorías de ascenso, pero faltaba algo.
Así es como, con 34 años, obvió cualquier otra oferta para seguir en lo más alto del básquet argentino y se ilusionó con llevar a Unión a primera.
Cuenta Carlos que el proyecto fue similar a lo que sería el Villa María Voley en la actualidad. El básquet de Unión se tercerizó y los hermanos Menard eran quienes lo manejaban.
“Lo primero que le dije fue que si quería ascender a la Liga Nacional A tenía que traer 2 americanos. Fuimos a Buenos Aires y los elegí. Fue la primera vez que extranjeros pisaban la ciudad para jugar”.
El básquet de Villa María se codeó con los mejores equipos del país. En seis meses Unión pasó el torneo Provincial, ascendió a la C y llegó a la B. Solo faltó un paso.
“Fuimos un equipo muy poderoso. Los grandes equipos venían a jugar. En nuestra cancha cayó Atenas, y hasta vino el Franca de Brasil. Llevábamos mucha gente a la cancha. Y cuando salíamos a jugar afuera nos tenían un gran respeto”.
Pero al año siguiente el proyecto se derrumbó. “Por problemas dirigenciales dejó de estar tercerizado y en el 88 terminaron regalando la plaza que habíamos ganado con tanto sacrificio”.
Suena convencido cuando se lamenta de que Unión Central “se perdió la gran oportunidad de ser un club de básquet al nivel de Atenas. Todos los jugadores de la región quería venir a jugar, y tenía unas inferiores muy buenas”.
En el 88 llevó sus casi 2 metros hacia San Juan para jugar sus últimos años en la Liga Nacional. Con 40 años y 25 en primera división le puso final a su carrera.

El equipo de Unión Central del ´86
Como técnico, entre Lamas y Oberto

Su enorme carrera con los cortos fue de la mano con la de entrenador. En cada uno de los clubes donde jugó fue técnico de las divisiones inferiores.
Más allá de los títulos que ganó sentado en el banco, hay instantes en la trayectoria de Carlos como técnico que en su momento quizás no tuvieron relevancia, pero que luego el tiempo se encargó de darle el derecho de sentirse orgulloso por ellos.

El primero es de su paso por San Andrés. Dirigía cerca de 250 chicos acompañado de “monitores” que conducían a las distintas categorías. “Había un cadete que jugaba en el club que estaba todo el día atrás nuestro porque le gustaba lo de ser entrenador, así que le di una categoría para que dirigiera. Hoy tengo el orgullo de poder decir que Julio Lamas fue monitor mío”. Quién iba a imaginar que esa sería la primera experiencia de quien luego se convertiría en uno de los mejores técnicos del país, hoy al frente de la selección argentina.

Los otros, ya habiendo reemplazado la musculosa por un saco, traen el recuerdo a Villa María.
No se hace cargo ni tampoco se siente responsable, pero indudablemente Carlos tuvo gran influencia en la vida deportiva de Fabricio Oberto durante los tres años que el “lungo” de Las Varillas estuvo en Ameghino.

“Cuando llegó medía cerca de 1.85 y no marcaba diferencias sobre el resto en cuando a lo basquetbolístico, pero si en cumplimiento y sacrificio”.
La práctica comenzaba a las 19. Carlos habitualmente era el primero en llegar, pero desde que se sumó Fabricio pasó a ser el segundo. “Como siempre llegaba temprano le propuse aprovechar el tiempo y entrenar solos. Trabajábamos mucho fundamentos, ganchos y ejercicios de salto”.
Pero la circunstancia que marcó a fuego la relación entre ambos fue el día que Oberto fue a entrenar por última vez. Le comunicó que por problemas económicos no podía jugar más, no podía seguir viajando.
Carlos confiaba en el potencial de Oberto. Sabía que tenía lo necesario para llegar a lo más alto y por eso no dejó que ese juvenil que crecía a pasos agigantados abandonara su sueño. Primero convenció a sus padres de que ese chico sería la salvación económica de la familia y prometió guiarlo. Después, se encargó de que sea el primer juvenil pago de la ciudad. “Por suerte conseguí los $100 de viáticos para darle y siguió jugando”.
Al año siguiente, se comunicó con Rubén Magnano y Walter Garrone, por entonces técnicos de Atenas, con quienes aun hoy mantiene una relación de amistad y cumplió con su palabra. “Ya tenían visto a Fabricio pero no los terminaba de convencer. Les comenté de él, confiaron en mi palabra y se lo llevaron a Atenas”.

Carlos como técnico de Ameghino. A su izquierda, Fabricio Oberto

Oberto cumplió su sueño. Brilló en la Liga Nacional, pasó por los mejores equipos de Europa, tocó el cielo con las manos en la NBA y fue pieza clave de la Generación Dorada Argentina. Pero hay algo que enorgullece a Carlos más que ninguna otra cosa: Poder asegurar que lo único que sigue intacto de aquel flaco que pisó Ameghino por primera vez, es su humildad.
“La última vez que nos vimos fue porque Fabricio me llamó para avisarme que venía a Villa María y quería saludarme. Lo primero que me recordó fue la primera vez que hizo una volcada en un partido y salió corriendo al banco de suplentes para abrazarme. Se acuerda de todo, hasta de las primeras zapatillas que le regalé”.

sábado, 14 de mayo de 2011

Entre la literatura, la docencia y los tres postes

Generalmente el fútbol y los libros no suelen ser elementos que se encuentren fusionados en un solo jugador. En nuestro fútbol doméstico escasean los ejemplos. Luciano Pereyra es uno de ellos. Su historia de esfuerzo y perseverancia demuestra que se puede jugar, trabajar e incluso estudiar simultáneamente.
  
Un jugador de nuestra Liga Villamariense de fútbol, puede jugar y trabajar al mismo tiempo. No es nada nuevo, incluso la mayoría lo hace. Pero ¿porque no puede jugar y estudiar al mismo tiempo?, nuestra competencia doméstica se caracteriza desde siempre por tener un escaso número de deportistas que al mismo tiempo desarrollen estudios terciarios.
Luciano Pereyra es el arquero de San Lorenzo de Las Perdices, profesor de historia, y autor del libro que repasa la historia de su querido Alem.
La idea de contar sus vivencias es para demostrar que se puede. No solo es factible la convivencia de trabajo y fútbol sino que incluso, ambos, también pueden hacerlo con el estudio.

Arquero, albañil, estudiante

“No dejé de jugar porque soy muy insistente, que por ahí vale más que lo virtuoso”.
Luciano Pereyra debutó en la liga a los 16 años en Central Argentino y hoy a los 31 puede decir orgulloso que nunca abandonó.
Durante los últimos años de secundaria, cada fin de semana ayudaba a su padre, albañil.
Optó por estudiar, y eligió profesorado de historia. Mientras desarrollaba sus estudios por la noche, el trabajo de fin de semana con su padre pasó a ocupar todos los medios días de su semana cuando su esposa quedó embarazada. La otra mitad del día, la pasaba como preceptor.
Recién en el 2004 pudo dejar la cal y la cuchara y empezó a dar clases, de a poco fue sumando horas. Hoy dicta historia en el Rivadavia y el Cesma de Villa Nueva.
Mientras, pasaba de Central a Argentino. Volvió a Central. Cumplió su sueño de jugar en la primera de Alem en el 2003. Jugó en Unión en 2008, y recién a los 30 años fue a San Lorenzo de las Perdices donde puede ganar unas “monedas” parado bajo los 3 palos.
Desde el 2007, dio clases de Historia del Fútbol en el curso de técnicos. Fue campeón de la Liga en 2004. Se salvó del descenso 2 veces y conquistó un título Provincial en 2006. En definitiva, hizo todo lo que quiso y creyó que podía hacer.
“Tengo la suerte de decir que pude trabajar y estudiar sin haber dejado el fútbol. No es imposible, solo para aquellos que no tienen la voluntad de intentarlo. Sufrí mucho, pero lo que más queda es el orgullo de saber que con esfuerzo pude hacer todo”.

¿Qué pasa hoy?

¿Es tan difícil conjugar estudio con fútbol? En realidad, perfectamente podrían complementarse uno al otro. “Una práctica puede llevarte 2 horas. Y cuando uno estudia, una pausa para despejar la cabeza es fundamental y  qué mejor si esa pausa es con una pelota de fútbol”.
No es lo mismo quienes no eligieron seguir una carrera universitaria prefiriendo optar por un oficio a quienes no lo hicieron por haber priorizado una carrera futbolística.
En un cálculo muy aproximado Luciano estima que de 20 jugadores de un plantel, a lo sumo 3 pueden estar cursando algún estudio. De hecho, si tenemos en cuenta que en la Liga cada vez hay jugadores más chicos en primera, ese número se vería disminuido al no contabilizar a quienes aun estén en el secundario. “De esos chicos creo que hay muchos que lamentablemente solo están pensando en ser futbolistas”.
Por la experiencia de la docencia, y por estar en contacto cotidiano con adolecentes Luciano puede afirmar que “los chicos que se reciben y priorizan el estudio la mayoría deja el fútbol. Si hace las dos cosas, tarde o temprano abandonan una. Muchos se quedan antes de intentarlo creyendo que no se puede”. Luciano sabe que sí.
De todas formas, el mal no es solo de nuestro fútbol, sino que para Luciano la LVF es “un reflejo de la sociedad actual” por eso propone que el deporte tendría que servir como disparador de cultura.
“Por ahí noto un vacio cultural, si no se habla de fútbol, no se habla de nada. Por eso a cada lado donde voy siento esa necesidad de intentar contagiar algo. De hacerle entender que el conocimiento no ocupa lugar y que el hecho de estar al tanto de lo que pasa a nuestro alrededor es fundamental. Hoy como soy uno de los más grandes en cualquier plantel, me tomo esa responsabilidad de intentar dar un equilibrio entre la locura del fútbol y la pausa necesaria de la pelota”.
Generalizar sería injusto, porque si bien son pocos, hay casos de jugadores que también optaron  por el camino difícil, y están en pleno estudio o ya se han recibido.

Luciano en pleno vuelo
 Cómo cambiar

La familia cumple un rol fundamental. “Muchas veces los propios padres tienen más esperanzas de que su hijo viva del fútbol que el propio jugador”.
La pelota ocupa mucho lugar en sus cabezas, sin dejar espacio para pensar en otra cosa. La proyección de sus vidas no va más allá de vestir determinada camiseta. Pero la realidad, dice Luciano, es que “el fútbol se puede terminar de un día para el otro, y después no saben hacer nada. No deberían preocuparse por eso, porque si tiene las condiciones para jugar profesionalmente tarde o temprano se le va a dar. Por lo que deberían preocuparse es por lo que no les va a dar ni un representante ni un técnico, que es un futuro más allá del fútbol”.
Cambiar una tendencia no es fácil, pero hay cuestiones que se podrían empezar a corregir para que un joven jugador, no sea solo eso, sino una joven persona. Y en ese sentido, la formación pedagógica y docente hacen mucha falta en un vestuario.
“El cambio intelectual se empezará a dar cuando desde los clubes se respete trabajo desde inferiores a primera, como hace Argentino. Qué el club funciones como una secundaria. Además, creo que con el tiempo habría que exigirle a los técnicos que se formen pedagógicamente, porque el fútbol es, para muchos, más contención que la propia escuela y el respeto que le tienen muchos chicos a un entrenador no se lo tienen a un profesor en la escuela”.

Luciano con sus hijos en la presentación del libro
El libro

´Orígenes y Función Social del club Alem´, es el nombre del libro que presentó el año pasado Luciano Pereyra. La idea de escribirlo surgió cuando en una reunión de la Junta de Historia de Villa Nueva se encontró con un libro de actas. La curiosidad y su pasión por los acontecimientos históricos, sumado a su amor por el club lo llevaron a escribir. Primero con la idea de hacer un suplemento que después fue tomando forma de libro.
“Tiene pocas páginas pero lo importante es el contenido. El libro es una síntesis de la historia de Alem que estaba narrada en el boca en boca pero a la que nunca se le había puesto letra”.
Algunos se sorprendieron al saber que un jugador había escrito un libro, como si la esencia misma de quien juega no lo permitiera. Un paradigma erróneo que habría que empezar a cambiar. 

viernes, 6 de mayo de 2011

Unión Central, la historia detrás de la tabla de posiciones

Desde hace un largo tiempo, Unión Central realiza enormes esfuerzos por permanecer disputando la Liga Villamariense de Futbol. Gustavo Guzmán, presidente de la sub comisión de fútbol, desmenuza una realidad que poco se conoce sobre uno de los clubes con más historia de nuestra ciudad.

Hace algunos meses, en esta misma página, procuramos contarles los fructíferos pasos que estaban dando Alumni y Deportivo Argentino en cuanto al desarrollo de infraestructura en sus respectivos predios.
Lamentablemente, sus casos son excepciones. Es sabido que en la Liga Villamariense de fútbol, el principal de los tantos déficits, corresponde justamente a la cuestión edilicia.
Unión Central, cuna de grandes jugadores como “La Pepona” Reinaldi o “El Zurdo” Lopez, es uno de los más golpeados en ese aspecto.
No tiene un pedazo de tierra para entrenar ni un lugar donde jugar, y estuvo a punto de no participar de la actual edición del torneo por falta de recursos económicos, pero Gustavo Guzmán, presidente de la sub comisión de fútbol, asegura que a comparación de otros años están “en la gloria”.

Un añejo problema actual

El problema germinó hace 30 años. “En el ´80, Unión tenía 6 hectáreas hermosas a orilla de la ruta 9. Según cuentan algunas personas, fue vendido para saldar deudas que tenía el club. Allí se iba a hacer el Parque Industrial que al final nunca se hizo”. Guzmán intenta explicar lo que sucedió y se lamenta cuando piensa que lo que había en aquella época “equivaldría a lo que tienen Alumni o Argentino hoy”.
Pensando en un futuro, nada parece alentador: “Lo que no se hizo hace 30 años atrás, hoy es imposible. La gente ya no concurre al club como antes. En Unión entraba mucha plata por los bailes, los partidos, y demás. Ahora hay muchas opciones a donde ir, otros deportes, que hacen muy difícil volver a tener algo así”.
Por eso no titubea al momento de resumir la situación: “En fútbol, Unión Central hoy no tiene nada”.
Desde aquel entonces, Unión nunca tuvo un lugar para entrenar ni donde establecerse como local. “Hace mucho se usaba la Plaza Ocampo, cuando el club tenía mucho peso en la liga parecía dueño de la placita. Después las cosas cambiaron, hoy los dueños son otros”.
Hoy abrir la Plaza cuesta unos $1500, imposibles de afrontar para el club.

Gustavo Guzmán
A la deriva

Estuvieron a punto de no participar de la corriente edición de la LVF porque, al igual que todos los años, las condiciones económicas no eran las propicias. De todas formas, el 2011 es especial. “No recuerdo desde que estoy acá que un año hayamos arrancado sin deuda. Este es el primero, porque al salir campeón de la B el año pasado, nos ganamos 4 cuotas. No podíamos no participar justo el año que no debemos nada”. Entre idas y vueltas, comenzaron 15 días antes del inicio del campeonato.

Unión Central nunca es tan visitante como cada vez que el fíxture marca que debe recibir a su rival.
Al no tener donde localizarse, debe resolver durante la marcha cuál será su hogar transitorio. “Si me preguntas donde vamos a jugar el fin de semana que viene, te digo que no tengo idea”.
Por eso, la erogación de dinero es muy grande cada vez que hace las veces de local: “Son $500 de alquiler de una cancha, $1050 de árbitros y $200 de médico. Por partido se nos van cerca de 2 mil pesos que hay que juntar durante la semana previa porque no los tenemos”.
Lo más angustioso se hace lugar cuando Gustavo Guzmán revela cómo entrenan día tras días los 90 jugadores que hoy juegan en el club entre primera, reserva y tres inferiores.
“Hoy todas las categorías entrenan en el Predio de los Médicos. Con las dos más grandes no hay problema porque lo hacen al medio día. El inconveniente es con las inferiores, porque salen del colegio tarde y entrenamos a la tardecita, y ahora en invierno a eso de las 19 ya esta anocheciendo entonces nos obliga a ir a otro lugar”.
Hasta allí no hay desagrados. Las dificultades están en las alternativas que manejan.
“A veces vamos al poli a correr, lo que implica que no se toque una pelota y el técnico no pueda parar un equipo. Para eso vamos al Parque de Villa Nueva, al predio de las domadas que si tiene luces. Inventamos dos arcos y juegan ahí”.
Si, un campito. De esos en donde el travesaño es imaginario. Con dos remeras que se disfrazan de postes. Así se preparan para jugar el domingo.
“En alguna ocasión intentamos entrenar con pelota en la costanera y por cuestiones lógicas suelen caerse al agua. Es lastimoso ver como los chicos se meten al río a buscar la pelota en invierno para seguir jugando”.

Ha sido peor

“¿Miedo?” Responde Gustavo cuando se le pregunta si existe algún temor de que si las condiciones actuales continúan, Unión Central no pueda seguir haciendo fútbol.
“Hoy estamos en la gloria. Creo que no vamos a pasar situaciones más difíciles de las que ya nos tocaron”.
El dirigente hace referencia a dos hechos puntuales que vivió hace unos 4 años atrás.
Fueron escenarios en las que el fútbol estuvo contra las cuerdas para el aurinegro.
Una de ellas fue cuando el club cumplió 100 años y Marcelo Santoni se acercó a la institución. Unión tenía $3500 de deuda que no podía pagar. “Se hizo el sorteo del fíxture y nos dejaron afuera del campeonato”. Finalmente el dinero apreció en forma de subsidio gracias a Dario Ranco, Presidente de la Federación Cordobesa de Fútbol.
“Ya era tarde pero no nos íbamos a dar por vencidos. Fuimos a la Plaza Ocampo, jugaba Alumni, con un grupo de jugadores y una bandera que decía que queríamos participar de la Liga”.
El sorteo se volvió a hacer. Unión fue sub campeón en la primera ronda, y festejó en la segunda.

El otro hecho corresponde al año en el que tener divisiones inferiores se volvió obligatorio para todos los equipos de la Liga.
“Estaba totalmente solo y las tuve que hacer. Formé una categoría ´92 con mi hijo y un grupo de amigos de la escuela. El primer partido lo disputamos con 8 jugadores. Había que salir a la calle a invitar a los chicos a jugar. Después hicimos la ´95 y la cuarta. En menos de 45 días formé tres categorías”.

Primera fecha de la LVF, Unión se localizó en cancha de Alem
El amor no entiende de dinero

El amor por los colores no entiende de problemas de dinero. El exagerado esfuerzo que realiza este dirigente junto al resto de las personas que lo acompañan para que Unión Central siga haciendo fútbol, para que esos 90 jugadores puedan seguir vistiendo de negro y amarillo, e incluso para permitirse soñar con un baby en un futuro cercano, tiene un solo motivo: “El amor por el club es más fuerte que uno. Cada fin de año digo que voy a dejar. Qué ya no puedo seguir gastando tiempo y plata. Pero llega el 15 de enero y  soy el primero en levantar el teléfono para poner las cosas en marcha”.
Ya no hay sueños con vestuario de lujo. Tampoco de asados en un quincho propio. Mucho menos de tribunas para miles de personas. Hoy el sueño se redujo a un pedazo de césped con dos arcos propios.



jueves, 28 de abril de 2011

El Hombre del Gol

Con 38 años, Javier Carassai es uno de los jugadores más grandes que hoy disputan la Liga Villamariense de fútbol. Volvió para ponerle fin a una carrera que empezó en Alumni, pero que convirtió en leyenda en Acción Juvenil de General Deheza.

Unos 300 goles en más de 400 partidos durante 20 años de carrera como futbolista.
Cualquiera que leyera estos números podría pensar que se trata de uno de los más grandes goleadores del fútbol argentino. Pues, no estaría muy equivocado en hacerlo.
Javier Carassai no jugó en Primera División. Tampoco lo hizo en B Nacional. Apenas si tuvo un puñado de encuentros en los torneos Argentinos.
Javier hizo su historia, llena de festejos, con gambetas y definiciones de todos los colores, en esas canchas en donde el pique de la pelota siempre traiciona y las patadas son tan fuertes que no hay hielo que baste.
El villamariense de 38 años es una gloria de la liga de Río Cuarto, y especialmente de Acción Juvenil, club con el que forjó un romance más allá del fútbol.
Hoy está cerrando su enorme carrera en nuestra liga, la misma que ,20 años y cientos de goles atrás, lo vio gritar por primera vez.

Primeros pasos en Alumni

Su primera pelota la pateó en el baby del Barrio Industrial a los 6 años. Cuando cumplió 10, se enteró que Alumni convocaba jugadores clase ´73 para incorporarse a las divisiones inferiores, y no dudo en ir: “Quería jugar en Alumni porque uno siempre busca lo más grande y en Villa María lo es. Además iba siempre a la cancha, moría por jugar ahí”.
En una semana se incorporó al club, y al poco tiempo ya se encontraba jugando la Liga Cordobesa, enfrentando a equipos como Belgrano y Talleres. “Para un chico de mi edad, era increíble”.
Cuando logró establecerse en el “Alumnito” (el por entonces equipo de reserva), jugar en primera parecía una quimera, ya que tenía por delante a grandes nombres como Santoni, el “Cachula” Márquez, Sacheto y Mondadori.
La chance de debutar en el primer equipo llegó cuando el “Perro” Alvarelo se lesionó e Iván Miranda eligió a Carassai como el reemplazante. Pero además de eso, se dio el lujo de lograr lo que todos los pibes sueñan el día de su debut: “Tenía 17 años. Jugamos contra Deportivo Colón, hoy Presidente Roca. A los 24 minutos, marqué mi primer gol. Lo recuerdo como si fuera hoy. Mondadori se la tocó a Molina, él me la dio a mí en el último instante y yo le pegué de zurda como venía. Ganamos 3 a 2”.

Su lugar en el fútbol

En la primera de Alumni jamás encontró continuidad. Se consagró campeón provincial en el ´91 y de la Liga Cordobesa en el ´93, pero sus minutos en cancha eran escasos. A tal punto llegó su arraigamiento al banco de suplentes que en el 95, y con 22 años, llegó a pensar en dejar el fútbol porque “no progresaba, sentía que no era lo mío”.
El destino se encargó de que esos botines no se dejaran de gastar y le dio una oportunidad. 
Pocos saben que puede haber seducido a la gente de Acción Juvenil de General Deheza, pero lo querían en su equipo. Fue 2 veces a préstamo, y la tercera, sellaron un matrimonio definitivo.
“Fui por 6 meses, salimos sub campeones y yo goleador del torneo con 16. Volví a Alumni y todo siguió igual para mí. Me quiso otra vez Acción, esta vez por 1 año. Hice 22 goles y salimos campeones. Cuando regresé se interesaron de nuevo, pero esta vez pedí que me compren el pase. Me sentía cómodo quería quedarme ahí”.
Y no es para menos. Javier Carassai, finalmente, había encontrado su lugar: “Ese año hice 25 goles. Jugué el torneo Argentino B en Villa Mercedes en el 98 y también en el 2000, siempre a préstamo porque me quería quedar en General Deheza. Esos años salimos campeones con Acción en la Liga de Río Cuarto y sub campeones provinciales, además fui goleador en cada torneo.
En el 2001 rompí un record: En la Liga de Río Cuarto son 30 fechas, y yo metí 29 goles, casi uno por partido. Nadie igualó eso. En el 2004/05 fui a Atenas para el Argentino B, y en el 2007 a Estudiantes. Después de eso tuve la posibilidad de ir a Bolivia, la única vez que estuve cerca de un equipo profesional, porque el técnico de Banda Norte fue a dirigir allá y me quería, pero al poco tiempo renunció”.
Muy atrás había quedado ese deseo adolecente de jugar en Alumni. Después de tantos años y goles, Javier Carassai hizo de su nombre una leyenda tanto en Acción Juvenil como en la Liga Riocuartense.


Javier homenajeado en su último partido con Acción Juvenil

Sus números lo dicen todo: 380 partidos y 259 conquistas, solamente contabilizando los que realizó con la camiseta de Acción Juvenil. Lo que lo convirtió en el goleador histórico tanto del club como de la Liga.
A eso, hay que sumarle todo lo que logró en sus años por Villa María, Provinciales, Torneo del Interior y Argentinos. Lo que, sin poder ser exactos, redondea más de 400 partidos y 300 goles.
Como para apreciar la magnitud de éstos números, vale la pena mencionar que ningún jugador en nuestro fútbol profesional llegó a 300 goles oficiales.

Acción Juvenil, su club, su trabajo y su casa

Fueron 15 años de un romance inquebrantable. Más allá de las líneas de cal, Acción Juvenil fue su casa. Literalmente. En el 2001, cuando el país entró en crisis, el fútbol dejó de ser rentable para la mayoría de los futbolistas de las ligas regionales. Y Javier no fue la excepción. Pero el club se encargó de darle trabajo, y hasta la posibilidad de vivir allí. “Desde ese año y en la actualidad tengo a cargo el mantenimiento de 4 canchas. Y también el mantenimiento del parque de un predio grande del club. Me dieron la posibilidad de trabajar y también una casa para vivir. Devolver eso con goles es lo menos que podía hacer. No tengo más que agradecimientos para todos los dirigentes que pasaron.”

Volver a jugar, un desafío a los 38

En el 2009, una lesión en uno de sus tobillos lo llevó a tomar la decisión más difícil para un deportista. “Si no fuera por eso seguía jugando, porque no sentía que mi carrera tenía que terminar”, asegura.
Tras un año y medio, después de una operación y cientos de horas de rehabilitación, logró recuperarse totalmente. Además, empezó a cumplir una deuda pendiente: Estudiar Teología.
Amores que matan nunca mueren, y el suyo por el fútbol no podía terminar de la forma en que terminó. Por eso, con 38 años, y como si aún le quedaran cartuchos por gastar, después de unos encuentros en una liga comercial Amateur se corrió la voz de que el tremendo goleador estaba de regreso. Entre 3 interesados, decidió que era tiempo de volver a pisar las canchas de su Liga Villamariense natal.


En su regreso al fútbol, con los colores de San Lorenzo de Las Perdices

“Nunca pensé que me iban a llamar después de retirado. Decidí volver a jugar más como un desafío personal, para probarme que mi carrera no se había terminado. Terminé eligiendo San Lorenzo de Las Perdices y les agradezco la posibilidad, pero creo que es el último año que juego. El fútbol es mi vida. He cumplido objetivos y muchos me van a quedar pendientes. Voy a extrañar ese cosquilleo antes de cada partido. Pero creo que Dios a cada uno le da un talento para que haga lo que mejor pueda con él. Esto fue lo que yo más pude”. Puede quedarse tranquilo, Javier, que no fue poco.